Mi proceso de trabajo

Tuve una profesora de matemáticas que para resolver los problemas nos instaba a encontrar “la idea feliz”. No hablaba de confiar en el azar para ponerles fin, sino de encontrar en tu cabeza ese click que hace que de repente todo cobre sentido.
Pero ese click sólo llega si hay un duro trabajo previo.

En diseño ocurre igual, y a menudo puede parecer que algunos procesos son sencillos. Lo has resuelto rápido, luego carece de importancia, cualquiera puede hacerlo. No se ve el trabajo, la investigación, la formación, la experiencia que hay detrás. Sólo reparamos en el resultado, sin cuestionar cómo se ha llegado hasta él.

Por eso, cuando le paso un presupuesto a un cliente incluyo un apartado explicando detalladamente cuál es el proceso de trabajo que utilizo y que me va a llevar a resolver con éxito el encargo. Creo que es una manera sencilla de explicar que hay mucho trabajo y tiempo detrás de ese producto final, que si hago tantas preguntas es por una buena razón, y que no, no he tenido una revelación sobrenatural para solucionarlo.

 

Mi proceso de trabajo en 7 pasos

 

1/ Toma de contacto

Para mí, la fase más importante, y en la que suelo emplear más tiempo. Quien ha trabajado conmigo sabe que esta etapa es la más dura y en la que más les hago sudar.

A menudo me llegan clientes que no saben responderme a preguntas esenciales, como de qué va su negocio, quiénes son sus clientes, qué les gusta o qué objetivos pretenden conseguir. El típico, ” hazme algo bonito, me fío de ti.”.
Sólo cuando obtenga respuesta a esas preguntas podremos comenzar a trabajar. Y para eso, nada mejor que un buen briefing.

Necesito ponerme en tu piel, saber qué te ha traído hasta aquí, qué te gusta o inspira. Hablar, hablar y hablar, porque hasta lo más insignificante puede ayudarme a dar con la tecla. Así que, prepara un café que tenemos charla para rato.

Lo habitual es que esta fase termine con la elaboración de tu moodboard.

 

2/ Profundizando

Una vez que conozco al cliente, me queda descubrir aquello que le rodea. Quién es su cliente ideal y qué problema tiene que sólo él vas a poder solucionar. Quién es la competencia, en qué linea trabaja y cómo vamos a robarle su parte del pastel. Conocer qué se cuece en su sector, qué códigos visuales y narrativos son los más apropiados…

Como comprenderás, cuanto más alejado o desconocido me resulte el mercado, más investigación voy a necesitar.

 

3/ Inspiración

Ahora me toca a mí remangarme y trabajar en solitario. A estas alturas es muy probable que tenga varias ideas rondando en mi cabeza gracias a toda la información que he recopilado en las fases anteriores.
A mí me funciona especialmente bien la tormenta de ideas, los mind maps y la asociación libre. De ahí saco bocetos e ideas hasta llegar a una propuesta inicial.

Para ser sincera, al finalizar esta etapa no tengo una única propuesta. Suelo tener dos o tres líneas de trabajo completamente diferentes. Las ordeno en un documento explicativo que hago llegar al cliente y que por lo general vemos juntos. Así, podrá (emos)  decidir cuál es de su agrado o cuál es más efectiva.

 

4/  Feedback del cliente

De nuevo devuelvo el balón al tejado de mi cliente. Necesito feedback de las propuestas, y cuanto más detallado y sincero sea éste, más útil me va a resultar.
Generalmente pido al cliente huir de calificativos como bonito/feo, bueno /malo, o respuestas ambiguas como “tiene poca fuerza”, o “quiero que sea más moderno”, y se centre en si cree que cumple sus objetivos, si llamará la atención o si gustará a su público.

Este paso suele ser complicado, porque con frecuencia. cuando el cliente parece tener claro la propuesta que más le gusta, hace un testeo entre familiares y amigos. Y comienza el caos.
Entiendo la seguridad que puede ofrecer conocer la opinión de tu entorno, (seguramente yo también lo haría), pero demasiado ruido suele enturbiar más que iluminar.

 

5/ Corrección propuesta elegida

Una vez tengamos claro la propuesta por la que nos decantamos, haré los ajustes que sean necesarios, y una nueva ronda de revisiones hasta obtener justo lo que estamos buscando. Éste es el momento de pulir errores y caminar en la línea definitiva.
También le hago llegar al cliente estas modificaciones. No quiero que se me escape nada y necesito su visto bueno para continuar.

 

6/ Variantes, aplicaciones y manual

El trabajo en bruto ya está terminado. Ya sea una cartel, un logotipo, una infografía…, ahora toca rematarlo. En función del tipo de trabajo que tenga entre manos, las tareas en esta fase variarán. Desarrollar los archivos definitivos, las versiones de color, las aplicaciones de la marca, piezas gráficas, la preparación a imprenta… son labores habituales en esta fase.

 

7/ Finalizando

Por último, le hago llegar todos los archivos finales a mi cliente. Me ocupo de prepararle el material de manera ordenada  y me aseguro de que sepa​ ​utilizar​ ​cada​ ​archivo​ ​y​ ​modo​ ​de​ ​color​ ​en​ ​su​ ​aplicación​ ​correcta.  A veces, preparo un breve tutorial, o repasamos juntos el brandbook. Lo importante es no dejarle sólo.

Para clientes cuyo negocio requiere de una actividad gráfica intensa,  recomiendo la tarifa plana mensual. De esta manera, podrán centrarse de lleno en su negocio sin perder tiempo y manteniendo coherencia y profesionalidad en todos sus elementos gráficos.

 

 

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